octubre 30, 2019

Categories: Biblia - Motivación

Hoy he escuchado y leído los comentarios denigrantes que ha hecho una vez mas John MacArthur. Me da mucha tristeza ver a un líder de 50 años de ministerio atacando de la forma que lo hizo a sus hermanas en Cristo. Digo una vez mas por que parece que ese juego inmaduro se ha vuelto una costumbre para el. Hace algunos años ya había visto la forma humillante en la que decía que Steven Furtick era un no calificado.

Con este post no pretendo atacar a John MacArthur ni corregirlo, pues no pienso que yo sea la persona que debe hacerlo. Solo quisiera advertir a mis hermanos a que no imitemos lo malo.

Podemos tener diferencias teológicas, pero no esta bien el estar atacándonos por ello y menos de la forma en que lo hace MacArthur. Aun en una escuela primera su comportamiento no seria aceptado.

Tenemos que aprender a respetar nuestras diferencias teológicas y ser firmes en lo que creemos sin caer en este tipo de bullying cristiano, donde se ridiculizan a los que piensan diferentes.

También quiero decirles a todas mis hermanas que están sirviendo al señor y las que lo harán muy pronto. Que sigan haciendo lo que Dios les ha mandado a hacer. Que es una minoría en el pueblo de Dios los que piensan como MacArthur. Y mas importante aun es que Jesús piensan diferente a MacArthur también.

La mujer samaritana fue una gran predicadora de Jesús.  Recuerden también que Jesús cuando resucitó, se le apareció primero a las mujeres y fueron ellas las primeras en anunciar la resurrección. También la profecía de Joel que Pedro cito habla del Espíritu que se derramaría sobre toda carne y las hijas profetizarían.

Hermanos seamos como Jesús y respetemos a las mujeres. Ellas tienen un papel importante en la predicación del Evangelio del Reino. No dejemos que las rivalidades del mundo entren en su Iglesia donde hombres y mujeres somos colaboradores de Cristo.

Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo.  Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. Gl 3.26–28